viernes, 29 de enero de 2010

FESTEJO

Desde Uruguay vacacionando, brindo con coca ligth y festejo, x el exito y las repercusiones de mi FUEGO ENTRE MUJERES en Buenos Aires, auguro hermosa vida y felicidad para mis 3 reinas actrices de las que todo el mundo habla maravillas!!!

MUSCARI

martes, 26 de enero de 2010

FUEGO en la web

lunes, 25 de enero de 2010

FUEGO en revista NOTICIAS

China Zorrilla vio a las mujeres de fuego

Por estos días, a China Zorrilla se la ve paseandera: recorre teatros viendo todo tipo de obras. Ahora fue el turno de Fuego entre mujeres, la pieza que protagonizan Irma Roy, Mónica Salvador y Dalma Maradona. A la uruguaya le encantó la historia de José María Muscari que sube a escena en el Tabarís. Incansable, al día siguiente fue al Multiteatro a ver Cazuela de Taricos.

En CLARIN

domingo, 24 de enero de 2010

Mas criticas

Muscari: ¿Quién dijo que la culpa es de la tele?

Cuando se apaga la tele, se enciende la tertulia familiar armoniosa, constructiva, enriquecedora. Eso suponen quienes encontraron en la televisión el chivo expiatorio para todos los males de estos tiempos revueltos. José María Muscari, autor y director de la obra Fuego entre mujeres, los escuchó con atención. Con la misma atención con la que observa lo que muestra la tele diariamente. Inteligente, a Muscari no se le escapa que entre el discurso de la pantalla chica y el de los cruzados que ven en ella al mismísimo Lucifer está la gente, la de carne y hueso, la que tiene padecimientos que son ajenos a la TV y que no se resuelven mirando la televisión pero tampoco apagándola.

"La pongo, pero en mute, a la TV, porque vamos a comer y hay que comunicarse en la cena. Somos una familia, me dijeron en el grupo de autoayuda del Durand. Una famlia disfuncional, somos las tres cabeza de familia, eh. Las tres, cada una con sus pro y sus contras. Las tres mujeres somos familia, somos una famlia... la familia. Familia somos". Control remoto en mano, eso dice Ingrid, el personaje que interpreta Mónica Salvador en Fuego entre mujeres, como si enmudenciendo el televisor fuera a acallar los aullidos de sus propias frustraciones.

Ingrid es la hija de una anciana perversa, pirómana, soberbia, que ha perdido el pellejo, literalmente, en un incendio pero que aún conserva las mañas. Ingrid es la madre de Luisa, una jovencita que lleva al hombro la mochila de una traumática experiencia sexual y busca deshacerse de tamaño peso bamboléandose entre la anorexia y la bulimia. Las tres generaciones de esa familia disfuncional_ que interpretan con maestría Irma Roy, Mónica Salvador y Dalma Maradona_viven juntas; son familia, como diría Ingrid por boca del grupo de autoayuda. Las tres mujeres viven enjauladas tras los barrotes de sus fantasmas. En el intento por liberarse, se chuzan, se desprecian, se humillan mutuamente. Pero también se quieren, se compadecen, buscan a tientas algún antídoto contra la furia que les corroe el alma.

Y allí, en el living modesto y kitsch que comparten, está el televisor, un electrodómestico en el que cada una de ellas busca lo que le falta. Luisa (Dalma Maradona)se mira en el espejismo de los cuerpos televisados y se afana por encarnarlos como si fueran reales. Su abuela (Irma Roy) fija las retinas en la pantalla para ver lo que la TV no emite: los viejos ciclos que marcaron su juventud para seguir sosteniendo la fantasía de su "piel de porcelana" cuando su anatomía es una maraña de injertos de piel. Ingrid, siempre a la pesca de la solución mágica que ordene su familia desquiciada en un abracadabra, decide un día que la solución es tan simple como cenar con el televisor "en mute".

Ojalá tuvieran razón los adalides de la corrección política que, munidos de razonamientos sofisticados, predican lo que Ingrid cree de un modo ingenuo y desesperado: la TV es la fuente de todos los conflictos, angustias y padecimientos que aquejan a los individuos y las familias en el siglo XXI. Si eso fuera verdad, el dolor sería un trámite de resolución sencilla: bastaría con ejercer una leve presión sobre el control remoto para que los infiernos domésticos mutaran en paraísos. Pero pienso que se equivocan. Como muestra Muscari a través de su humor filoso,la vida y sus circunstancias son mucho más complejas y las causas del malestar en la cultura infinitamente más numerosas de lo que creen quienes se tranquilizan echándole la culpa a la TV.


Por Adriana Schettini.-

Maradona y una nota exclusiva

Hay personas que por vender una revista hacen cualquier cosa" En CFIN le damos a nuestros lectores la mejor información. En esta oportunidad,pudimos dialogar con Dalma Maradona sobre muchos temas: su obra teatral y su familia.
Este es el testimonio con la actriz que protagoniza una obra en la calle Corrientes en el Teatro Tabaris, y además es hija del jugador más importante de todos los tiempos.
-¿Que te dejó el debut de Fuego entre Mujeres, contanos un poco de la obra?
DM-Estoy feliz tanto con el estreno como con la obra en si.
Interpretar a una chica con tantos problemas y tan distinta a mi me da la posibilidad de mostrarme como actriz y eso siempre esta bueno. Pienso que el estreno fue mi mejor función por ahora ,pero espero poder superar eso. Mi personaje es Luisa ,una chica que tiene una pésima relación con su madre y con su abuela ,tiene bulimia, anorexia y alcoholemia, de todo, hasta delirios de querer ser odalisca y de admirar a los personajes mediáticos. Desde mi punto de vista es una historia terriblemente cruel que esta contada desde el humor y eso hace que contar algo tan triste sea mas llevadero.
p-¿Que significa ser dirigida por Muscari, y trabajar con una institución dentro del teatro como Irma Roy?
DM-Es un placer trabajar con los dos. A Irma la admiro como actriz ,pienso que es un regalo compartir el escenario con ella porque aprendo muchísimo ,tiene mucho oficio y eso se nota y con José ,me encontré con una persona que es un sol, aparte de ser buen director, muy claro y preciso a la hora de pedirte algo como actriz ,es una hermosa persona y eso ayuda con el vinculo actor-director y particularmente me ayudo a mi a preparar a Luisa.
P.¿Sentís que te vas despegando un poco del apellido Maradona, cuando te costo que te valoren por tus propias condiciones, te gusta hacer mas comedia que drama?
DM-Siento que despegarme del apellido Maradona es muy difícil ,pero siento que muy de a poco la gente empieza a valorarme por mis trabajos . Siempre digo que si de mi se va a hablar igual por ser la hija de... por lo menos que se hable que estoy trabajando ,haciendo algo que esta bueno, que se yo...
En cuanto a la comedia y el drama me siento muy cómoda en los dos terrenos, y siento que esta obra los integra perfectamente a los dos. Puede que mucha gente no conozca mi parte de comedia porque si me ven en una nota soy muy seria ,pero la verdad es que creo en el humor como arma indispensable para vivir y me divierto mucho, tanto en mi vida como en mi trabajo.
P-La nota transcurría y por más que la entrevista es por sus dotes de actriz, no podíamos dejar de preguntar por su padre:¿Lo notas más tranquilo a Diego ahora que se clasificó al mundial?
DM-Obvio, fueron meses de mucho sufrimiento, pero verlo a él y saber que nunca tuvo la duda de no estar en este mundial ,me dejaba mas tranquila. La selección es lo que lo hace feliz ,entonces para mi no hay dudas.
p-¿Como es tu relación actual con la prensa, sabemos que tenes algunos amigos como el conductor de Infama no?
DM.Soy muy respetuosa del trabajo de los demás por lo tanto siempre que puedo tengo una relación buena con la prensa, pero lo que no puedo aguantar a veces es que muchas personas no tienen limite y por vender una revista hacen cualquier cosa, sin tener en cuenta que atrás de sus inventos hay familias que no tiene nada que ver con los medios y no entienden y sufren mucho, esa gente me da mucha pena. Pero igualmente no me quedo con eso y si con gente que vale la pena como mi amigo Santi, la verdad tenemos una muy linda relación, tenemos el mismo humor , nos reímos mucho y nos entendemos ,es mi amigo incondicional.
P-¿Que significa para vos el estar en la Calle Corrientes y hacer teatro en el verano?
DM.Significa para mi un logro como actriz, aunque no es estrictamente necesario para mi estar en calle Corrientes, si no fuera así igualmente haría teatro porque es lo que me hace feliz ,pero hay que reconocer que esta bueno el lugar que ocupa la obra y que formo parte.
Y quedarme en verano en Bs Aires para mi es una experiencia nueva ya que es la primera vez , pero estoy disfrutándolo.
P-Pese a ser la hija de un famoso tratas de hacer una vida normal, salir a bailar, divertirse, te vimos con mucha sonrisa en Sunset.
¿Queres que la actuación sea tu medio de vida?.....
DM-Trato de tener una vida normal como la de todos,a veces me sale mejor y otras veces no tanto, pero se que son las reglas del juego.
Si bien odio hablar de mi vida privada entiendo que si quiero ser actriz hay cosas que vienen con eso y me la tengo que bancar. Pienso en ser actriz hasta el día que me de la sensación que soy plena todos los días antes de salir a escena, esa cosa que creo que ningún otro trabajo me generaría, pero ahora quiero ser actriz y seguir preparándome para eso.
P.Le temes a la inseguridad que hay en la Argentina, que es lo que mas te gusta de este país.....
DM-No soy paranoica pero si tengo mucho cuidado ,no me gusta la inseguridad, me parece que uno de los temas mas graves q tiene mi país y estaría bueno que se le de mas importancia.
P-Te gusta ser casera, mirar la tele, salir que opinas del facebook y de este nuevo fenómeno Ricardo Fort
DM:Me mude sola hace poco así estoy disfrutando muchísimo mi casa. Por otro lado amo mirar películas, uso facebook pero no me obsesiona, para nada y de Ricardo Fort no opino porque no lo conozco.
P-¿Como sos como tía, esta bien tu hermana en medio de todos los rumores que hay, como es tu relación con tu mama y con tu Papá?
DM.Soy una tía babosisima y malcriadora por donde lo mires. Tengo perfecta relación con mi hermana y como quiero que siga así no opino de su vida, ella no tiene nada que ver con los medios y prefiere cuidar a su familia de todo eso y la respeto, solo digo que esta feliz y es una Mamá increíble......
P-Hace poco lo escuchamos hablando a Diego de Sandro a vos te significo algo su muerte
DM-No lo llegue a conocer ni a vivir el furor de su música pero gracias a Fuego entre mujeres, empecé a quererlo y a cantar sus canciones
P Para terminar que le dirías a los santafesinos que pasean por Bs Aires para invitarlos a ver la obra en el teatro Tabaris
DM.Que esta muy buena ,que van a pasar un rato divertido y me van a ver a mi haciendo cosas que ni se imaginan, que les mando un beso grande a todos y los esperamos en el Tabaris.(Corrientes 831 de Capital Federal)
La entrevistada se ríe y esta de muy buen humor y eso a uno como periodista lo llena de placer por el deber cumplido también con los lectores.


Nota realizada por Gustavoandreslis@yahoo.com.ar

Fuego entre mujeres

Lo primero que se me ocurre pensar es ¿Muscari recargado? ¿Fuego entre mujeres va tan a fondo que no saca el pie del acelerador ni un segundo? Cada frase resulta un latigazo de violencia y sin ser asimilado, aparece otro que redobla la apuesta primera. De entrada, las palabras parecen cachetazos tras cachetazos. Quizá hay en escena demasiada violencia imposible de digerir. Hay tanto miedo a repetirse en el director (Muscari) que se reinventa todo el tiempo, igualmente hay un código que le es propio, y que cuando uno se anima a verlo, sabe que lo tibio no es su fuerte. La impronta agresiva que tiene “Fuego entre mujeres” no es menor a la anterior versión “Piel de chacho”, pero tal vez María Aurelia Bisutti estaba tan a la altura como Irma Roy para interpretar a esa abuela incendiaria. En el caso de Roy, declama todo el tiempo agudizando el conflicto y volviéndolo un melodrama más tenso que inquieta. Dalma Maradona en cambio, realiza una correcta interpretación de la joven bulímica y anoréxica que padece los embates de un abuso pasado. Mas, una abuela manipuladora y una madre (Mónica Salvador) culpogena al extremo, cargada de tanto dolor, que trata de repartir miserias humanas intentando compensar indignidades. Los íntimos de cada personaje aclaran el trasfondo de la historia, pero tanta música de Sandro para decir cosas, impide la fuerza que tendría la palabra del autor, en una obra tan intensa como ésta. La escenografía bien kitch sobrecargada de fotos de Sandro (la obra había sido gestada y ensayada antes de la desaparición del cantante) y con tantos colores estridentes, parece venirse encima del público. Ante esa historia que sobrepasa los principios de la estructura, de la forma y de todas las palabras, tal vez quedaron sin resignificar algunas situaciones que intentó cubrir tímidamente la musicalización en la voz de Sandro. La obra teatral muestra vínculos crudamente construidos, sostenidos y sin ningún reparo formal, pero es muy Muscari, jugar lo despojado, lo descarnado. ¡Para ver al menos una vez! (

Meche Martínez

viernes, 22 de enero de 2010

FUEGO en el HERALD

FUEGO en Revista LUZ

miércoles, 20 de enero de 2010

Crítica Diario Sur

Crítica Web

Desde el 06 de enero se presenta en la sala Petit del Teatro Tabarís (Av. Corrientes 829) la obra escrita y dirigida por José María Muscari "Fuego entre mujeres" con las actuaciones de Irma Roy, Dalma Maradona y Mónica Salvador.

Muscari, quien reescribió esta obra, antes llamada "Piel de Chancho" que marco el retorno a las tablas de María Aurelia Bisutti, recurre a tres generaciones de mujeres, abuela, madre y nieta, quienes cada una por su lado presenta un gran drama y una situación conflictiva, que al unirlas forma un cóctel explosivo (como la mayoría de las obras de este autor) al compás de la música del ídolo de las tres, Sandro.

Cada una de las figuras le da su aporte a la obra, Irma Roy con un personaje que ronda lo bizarro, protagonizando a una abuela entre moderna y desprejuiciada que hace lo posible por entender a sus sucesoras, mientras espera una operación estética luego de un accidente sufrido.

Sorprende gratamente Dalma Maradona, quién por momentos muestra toda su furia tanto como para su abuela como para su madre y por momentos también aflora la ternura, esta muy bien acompañada por Salvador y Roy, quienes cumplen una labor acorde.

En esta obra se tocan temas fuertes, se habla en volumen alto, se insulta y se sufre, ninguna de las tres mujeres quiere hacerse cargo de "sus problemas", aunque por uno u otro motivo terminan cediendo.

"Fuego entre mujeres" es una obra fuerte, que toca temas difíciles, con un toque de humor y sarcasmo y mucha música, que además sirve para tomar conciencia de que ellos existen.

Una buena obra, recomendada para gente de mente abierta.


Walter E. Fauda



Más críticas

Una casa, tres mujeres; un ídolo, tres generaciones; un elemento que las une, muchos que las separan; una familia, tres mujeres a punto de estallar.
Para su última obra José María Muscari decide revisitar por primera un texto de su autoría, es así que tomando su Piel de chancho (la cual se estreno hace breves cuatro años en el Teatro del Pueblo con el protagónico de María Aurelia Bisutti) para esta oportunidad realiza una serie de cambios, el más relevante, el ídolo que une a estas tres generaciones: Sandro (siendo su figura lo que inunda toda la escenografía, y sus canciones, la que musicalizan toda la obra)

En esa casa conviven (o mejor dicho, se desata la guerra entre) abuela, hija y nieta. Irma Roy es naná, la abuela piromaníaca, quien tuvo un accidente y por eso se encuentra vendada, y se encuentra en la espera de un injerto de piel de chancho, gracias a que su hija Ingrid (Mónica Salvador) le comento sobre este revolucionario procedimiento, ésta es alcohólica, medicada, le cuesta asumir su sexualidad y tiene una hija Luisa (Dalma Maradona) anoréxica, bulímica y con aspiración a ser como Fairuz.
Es de imaginarse que a lo largo de la obra uno no se encontrara con una obra común y corriente, como una verdadera obra de Muscari nos encontraremos con situaciones disparatadas, muchos juegos verbales, gran cantidad de cortes: monólogos al público, bailes, y grandes dosis de delirio.

En esta ocasión el director convoca a tres actrices con las cuales no había trabajo anteriormente, se percibe un parejo y muy buen nivel, pero lo más destacado es que todas se sitúan en la misma estética, desde ya, esto es de vital importancia para cualquier puesta, pero mucho más en una obra como esta donde el director tiene una impronta tan particular. Irma Roy logra un trabajo destacado, uno se encuentra con un ser que nunca creyó que esta actriz podría llegar a hacer, y lo hace con gran nivel y salvajismo.
Mónica Salvador, por lo menos para este crítico, es toda una revelación, una actriz con peso, convincente, que sabe manejar la atención y logra un ser muy interesante (es una lástima que en la dramaturgia, el tema de su sexualidad no tenga otros quiebres que podrían hacer aun más rico este personaje)
Dalma Maradona tiene a su cargo un difícil personaje, la misma sale aireosa, si bien tiene demasiados estallidos (los cuales algunos se ven aun forzados) logra un personaje volcánico, con peso, pero que también tiene lugares débiles, espacios donde vemos los sufrimientos de éste personaje, que decide protegerse con un manto de bestialidad, para no mostrar lo débil de su ser.

Muscari plantea una obra plagada de elementos kitsch y textos fogosos, textos que queman; muestra una relación familiar particular, pero que fuera del humor, es algo que puede no estar tan lejos de la realidad. Una puesta cuidada, divertida, para disfrutar, siempre y cuando, uno pueda protegerse, de ese fuego entre mujeres, del cual, es difícil salir (aunque sea) acalorado.

Crítica de Norma Dumas

Consecuente consigo mismo, Jose María Muscari nos disparó otro de sus intrépidos “muscarismos” con su insobornable y virtual displicencia y un resplandeciente elenco conformado por Irma Roy, Mónica Salvador y Dalma Maradona.

Toda la sinuosa subjetividad psíquica, anímica y acaso también inapelablemente virósica que subyace en el insoslayable espíritu de Muscari reaparece aquí, con su profano misticismo a cuestas y con su insaciable pretensión de “espantar” a una humanidad que, inexorablemente, ya está curada de espanto.

Intuyendo que la vida es un eterno y arrogante “grotesco“, la deschava descarnadamente y sin anestesia previa sustentando que, después de todo, la existencia sigue siendo un mísero y estrepitoso estado de ánimo.

Como siempre se rodea y se regodea con alegorías, eufemismos y substancias metafóricas que consiguen, al fin, convencer y conquistar a una audiencia que, indecorosamente, se muere de ganas de ser convencida y conquistada.

No es de extrañar que, de tan “piola“, se reserve siempre el derecho de elegir lo más proyectivo del acerbo artístico y atiborre el escenario festivamente para que, al fin de cuentas, no dejar que la sangre llegue al río.

En este caso, una motivada y suspicaz Irma Roy, una gallarda Mónica Salvador y una fresca Dalma Maradona (con el” valor agregado” de su apellido a cuestas), lo ayudan a sentenciar que en este mundo no hay Biblia que no se enamore, alguna vez, de algún transido calefón.

En la noche del estreno la rutilante omnipresencia de Sandro deambulaba por allí, mientras sus restos descansaban revestidos de eternidad en un salón del Congreso.


Norma Dumas

martes, 19 de enero de 2010

Entre risas e ironías

"Fuego entre mujeres" brilla en la calle Corrientes Buenos Aires, 13 de enero (Reporter, por Tomás Balmaceda). La ambivalente relación entre una abuela, una madre y una hija es el centro de "Fuego entre mujeres", la última y más lograda obra de José María Muscari, con Irma Roy, Mónica Salvador y Dalma Maradona.

La pieza presenta a una familia cruzada por la desgracia, los celos, la envidia y también el amor, cuyo único punto de contacto son las canciones de Sandro, que sirven como bálsamo entre ataque y ataque.

Son tres generaciones diferentes funcionando en una dinámica cruel y sin piedad de la que no pueden salir, en la que una abuela pirómana y con un pasado homicida rige la casa.

La mujer, interpretada con gran solvencia y sin tapujos por Roy, se encuentra desfigurada y vendada de pies a cabeza tras la explosión de un calefactor, esperando poder recibir un transplante de piel de chancho.

Su hija (Salvador) es quien mantiene económicamente a todas, trabajando en una librería junto a una socia con la que parece tener más que una relación comercial.

Finalmente, la menor de la casa (Maradona) es una adolescente anoréxica y bulímica, que sueña con ser odalisca y quemar las grasas de su abdomen, entregada una y otra vez a terribles dietas con las que quiere esconder los abusos de su padre.

Sin abandonar su sello personal, Muscari logra en "Fuego entre mujeres" una de sus puestas más completas y redondas, sin dilaciones ni autorreferencias innecesarias.

Sobre el escenario, las actrices logran una excelente química y llevan con solvencia una pieza de textos difíciles que no les da respiro y en la que cada una tiene su momento para lucirse.

Mientras Maradona logra una buena interpretación de un personaje difícil, Roy y Salvador sacan a relucir su probado oficio con performances que arrancan carcajadas y aplausos a telón abierto.

La obra es una versión remozada de "Piel de chancho" -el espectáculo que Muscari estrenó en 2006 con María Aurelia Bisutti en el papel principal-, que llega ahora a la calle Corrientes con menos ánimo de provocación y más profundidad.

"Fuego entre mujeres" se presenta en el teatro Petit Tabaris (Corrientes 831), con funciones de jueves a domingo a las 21.30.

por Tomás Balmaceda

domingo, 17 de enero de 2010

Crítica La Nación

Del odio al amor (y viceversa)

Buenas actuaciones y acertado trabajo de Muscari en Fuego entre mujeres

Fuego entre mujeres . De José María Muscari. Con Irma Roy, Dalma Maradona y Mónica Salvador. Escenografía: Marcelo Valiente. Vestuario: Vessna Bebek. Iluminación: Marco Pastorino. Dirección: José María Muscari. Sala Petit Tabarís. Duración: 60 minutos.

Nuestra opinión: buena

José María Muscari estrenó hace unos pocos años Piel de chancho . En aquella oportunidad, la pieza contaba con la actuación de María Aurelia Bisutti, en el rol de una señora mayor que vivía (habría que decir: sobrevivía) con su hija y su nieta. En escenario, Bisutti, y no su personaje, daba tanta sensación de fragilidad que podía generar una molesta sensación en el espectador que quitaba fuerza a la feroz ironía que planteaba la obra.

Ahora, con Fuego entre mujeres , reescritura de aquel trabajo, con el solo hecho de haber elegido para ese papel a Irma Roy, mujer de armas tomar y de una lucidez incuestionable, el juego teatral fluye de manera mucho más efectivo y potente, instalándose así la propuesta muscariana sobre andaribeles más sólidos y de un humor corrosivo.

Como en montajes anteriores, Muscari, en términos tanto escenográficos como evocativos, realiza una especie de homenaje al mantel de hule, una reivindicación del paraíso plástico de Colombraro y una celebración de lo kitsch. En esta versión, ese mundo está "zurcido" (¿será al crochet?) por las canciones de Sandro y por su imaginería, de la cual las tres mujeres dicen ser fieles devotas.

Pero si bien a las tres las une Sandro, son más las cosas que parecen separarlas. Por eso mismo, tanto abuela como madre e hija se dicen las peores barbaridades. No tienen filtro alguno. Son golpeadoras, manipuladoras, anoréxicas, mitómanas, desbocadas, acosadoras y adictas a la pulsión constante de degradar a la otra. Cada una, como es lógico, tiene sus conductas predilectas, y en ese intercambio se sacan chispas (y la utilización del término es un tanto apropiada, teniendo en cuenta que una de ellas tiene una indisimulable pulsión piromaníaca).

Modelo de familia

También es cierto que detrás de todos estos artilugios, y aunque uno de los personajes diga lo contrario, representan una forma más de los modelos familiares de los Campanelli o los Benvenuto, en los que en la escena final todos terminan comiendo alrededor de una mesa. En el subtexto de Fuego entre mujeres sucede algo similar: se dicen las peores cosas, pero en varias escenas terminan alrededor de la mesa. En ese punto, Muscari desmenuza con habilidad los vínculos entre madre e hija, en las que las conductas miméticas se reproducen más allá de nosotros mismos, de nuestro amor hacia nuestros padres y nuestro espanto por encontrar los puntos en común con ellos como si todo fuera un camino inexorablemente cíclico. Quizás ahí radique la inteligencia del texto de este (ex) chico del under acostumbrado a pensar escénicamente haciendo teatro.

Claro que hay que reconocer que para que esos distintos planos funcionen parte de esa inteligencia es haber convocado a Irma Roy, a Mónica Salvador y a Dalma Maradona, quienes, apelando a tonos diversos, superan los trazos gruesos para indagar en las texturas más profundas de estas tres criaturas que viven en medio de un fuego cruzado permanente.

sábado, 16 de enero de 2010

Combustión espontánea

Tres actrices que chisporrotean, tres personajes muy diferentes que abren fuego sin filtros sobre la escena en el último Muscari, con un vestuario y una escenografía que se ríen creativamente del “buen gusto”.Probablemente a John Waters le divertiría un montón ver Fuego entre mujeres, la pieza de José María Muscari recientemente estrenada (en realidad, una reescritura de Piel de chancho, a la que sumó temas de Sandro que se van integrando al relato). Porque un personaje como el de la abuela Naná –que bien podría haber hecho Divine, sin desmerecer, claro, a Irma Roy, que esta ¡divina!– puede ser considerado pariente no tan lejano de la Serial Mom que protagonizara Kathleen Turner, por más que esta serial grandmom anda incinerando gente al parecer por puro capricho y mucho espíritu travieso, mientras que la mami de Waters tenía razones digamos atendibles para exterminar a las personas molestas que se le cruzaban mal. Pero sin duda las hermana la naturalidad con que llevan a cabo sus atentados, ambas apelando a herramientas de la vida doméstica y cotidiana (tijeras, aparatos de aire, calefones...)

La desgracia para Naná es que ha sido víctima de su propia medicina: friolenta, por acercarse demasiado a la estufa con el salto de cama de matelassé rosa, “me prendí fuego viva”. Y ahora está hecha un desastre, “un camión de Manliba”, según la desbocada nieta Luisa. Llena de vendas, supurando, exhalando mal olor, candidateada para un injerto de piel de chancho proveniente del criadero del hospital, que matan el mismo día de la operación. Y no quieran ustedes saber más detalles, porque ahí ya entramos en pleno mondo trashy muscariano, ese universo donde una nieta puede escupirle a su abuela el bocado de manzana que está masticando; y una hija cuarentañera amenazar a su madre: “A vos te voy a tirar al Riachuelo, pero sin escafandra...”

Así va la convivencia de este trío de mujeres de tres generaciones en Fuego..., disparándose hostilidades, pullas, verdades crueles que hacen troncharse de risa al público. Y aquí es donde se cocina lo subversivo de la obra: en esta imitación exacerbada de la vida, a través del burlesco (no del escarnio) el dramaturgo y director consigue que el público se ría de sus propias miserias, angustias, deseos liberados por el texto y por esas tres actrices zarpadas que, ante todo, son tan capaces de tomarse el propio pelo.

Brillante y audaz la convocatoria de Muscari, así como los logros en la dirección actoral que ha dado cauce a la potenciación de estilos interpretativos y energías diferentes, lo que redunda en un singular intercambio de timbres y colores. Irma Roy recupera majestuosamente las tablas, imponente como la momia del comienzo (o monstruo de Nahuel Huapi, al decir de Luisa), falsa ingenua siempre, pícara retozona cerca del final. Dalma Maradona cautiva con su encanto personal y su desenvoltura, midiéndose de igual a igual con Roy, con Mónica Salvador, quien a su vez defiende con mucha altura el rol menos jocoso, más conflictuado y amargo, estableciendo una suerte de gravedad (no de solemnidad), de secreta pesadumbre entre la abuela inimputable y la nieta parapetada en su adolescencia tardía. Dicho esto sin desconocer los reclamos de la abuela porque la vejez es mal vista, tenida por descartable en el mundo actual, o la problemática de bulimia y anorexia que sobrelleva Luisa, a su vez, víctima de abuso por parte del padre.

Otra de las virtudes del último Muscari es la inspirada aplicación del habla coloquial, mezclando –con riqueza de referencias– anacronismos, frases hechas, vocablos, marcas populares (la nieta le dice “te doy trula” a la abuela y ésta elige Heno de Pravia y Ambré de Watteau como fragancias favoritas; la madre llama a Luisa “princesa de Asturias, Carolina de Mónaco”; cualquiera puede pronunciar: marote, helados Laponia, Sapolán...). El rescate de lenguajes de altri tempi, más allá del efecto cómico, alude a formas de pensar, a usos y costumbres de décadas recientes.

Todo se completa con el glorioso vestuario de Vessna Bebek, que ha creado atavíos apropiados parta cada rol. Y, por supuesto, las canciones de Sandro que son el nexo, la devoción que liga a las tres mujeres. Canciones que brotan espontáneas de la banda de sonido, reflejando el estado de ánimo de los personajes, que las escuchan, las actúan, hacen fonomímica, según la situación. La muerte del gran divo se produjo en la semana del estreno y JMM agregó al programa un texto, Honrar a Sandro, donde declara que cada función ha de ser un homenaje a la memoria del ídolo.

Fuego entre mujeres, de jueves a domingo a las 21.30,
en el Petit Tabarís, Corrientes 829, 43945455, a $ 70

en PÁGINA 12

Fuego en AMerica


El Explorador Cultural” recibió a José María Muscari, actor, autor, director y dramaturgo, quien acaba de estrenar “Fuego entre mujeres”, en el Teatro Tabarís. “Tengo continuamente la sensación de novedad con lo que hago y busco el florecimiento de mi profesión.
‘Fuego entre mujeres’, con Irma Roy, Dalma Maradona y Mónica Salvador, cuenta la historia de tres generaciones y los personajes están atravesados por algo: las tres son adoradoras de Sandro. Además de que la obra habla de Sandro, la escenografía tiene fotos e imágenes de él y la banda sonora entera es suya. La empecé a gestar hace mucho tiempo atrás, de hecho es una remake de ‘Piel de chancho’ que hice hace varios años pero está reescrita para estas actrices. Es otra obra basada en la anterior. Comencé a pensar en él mucho antes de que se desencadenara este final y me parecía muy atractivo que el público joven que sigue mis espectáculos conociera a Sandro. No me propongo explorar el mundo femenino pero me aparece. A las mujeres actrices les cuesta mucho menos que a los hombres actores encarnar mi teatro que tiene mucho de riesgo, de visceral y de un montón de cosas que son propias de la conducta femenina. Irma, Dalma y Mónica en ningún momento tuvieron resistencia a lo que yo propongo entonces era un encuentro a diario donde pudimos trabajar en profundidad sobre la actuación. Hay determinados nombres del mundo del espectáculo que, combinados conmigo, configuran una cosa y en otras obras no. Puedo estar con diferentes actores que se resignifican en su trabajo conmigo. Mi obra ‘En la cama’ recorrió el país, países limítrofes e incluso se estrenó en otras partes del mundo con otros elencos y direcciones. La versión que tengo actualmente en escena en Punta del Este, en el Teatro Nogaró de miércoles a domingos a las 23.30 horas, es posible que viaje a España. El 2009 fue un año poblado de espectáculos exitosos tanto en la escena comercial como en la alternativa. Hubo muchos espectáculos exitosos, no sólo uno y eso habla de la multiplicidad de espectadores, de una conducta de poder ver varias obras a la vez y de entender que está bueno revisitar el teatro cuando uno vio algo que le gustó. Habla de una actividad floreciente y yo creo que va a mejorar en este año. Muchos de los grandes artistas son muy cuidadosos en sus elecciones porque el espectador ya no va más al teatro sólo por el nombre: el público cada vez indaga más en la obra. En febrero repongo ‘Escoria’, un espectáculo que me dio enormes satisfacciones, que habla de lo efímero de la fama desde un lugar muy sensible con diez actores que se arriesgaron mucho conmigo. En abril estreno ‘El anatomista’, el best-seller de Federico Andahazi en versión para el teatro, que va a protagonizar Alejandro Awada, Antonio Grimau, Walter Quiróz, Sofía Gala, Romina Ricci y Alejandra Rubio. Tengo multiplicidad de actividades muy diversas. Estoy escribiendo varias obras, una se llama ‘Tres mitades’ que habla de la incompletud en el amor y después estoy haciendo una investigación sobre la exposición de la vida personal a través del facebook, que es un espectáculo que quiero hacer en la segunda parte del año dentro del circuito alternativo.” “Fuego entre mujeres” se presenta en la Sala Petit Tabarís, Corrientes 829, de jueves a domingo a las 21.30 horas.

Lorena Peverengo

FUEGO en Página 12

“Antes exploraba temáticas, ahora prefiero los vínculos”
Con destreza para moverse en la fina línea entre lo under y lo comercial, Muscari muestra a madre, hija y nieta enredadas en curiosas relaciones, con el fondo musical de Sandro: “Son personajes muy border que se agreden muchísimo, pero a la vez se quieren”.

Alguien que ve sus espectáculos como cebollas y que se autodefine como “el lugar tangible por el cual circula lo real de la vida antes de volverse arte” no puede sino ofrecer un resultado, al menos, original. Ahora, decir si esa originalidad resulta de la simpleza o de la complejidad sería aventurarse, porque el juego con las oposiciones es parte de lo mismo, y porque José María Muscari está tan lleno de capas como esa gran cebolla que es su obra. No hay terrenos firmes para el actor, director y dramaturgo, que se maneja con destreza en la línea fina que separa lo under y lo comercial, lo freak y lo de todos los días, la realidad y la ficción. Son los componentes de lo que ya se volvió todo un sello de autor, los que vuelven a la carga con Fuego entre mujeres, de jueves a domingo a las 21.30 en el Teatro Tabaris (Av. Corrientes 831), con las actuaciones de Irma Roy, Mónica Salvador y Dalma Maradona.
Se trata de la reescritura de una pieza que Muscari estrenó cinco años atrás en el Teatro del Pueblo, bajo el nombre de Piel de chancho y con María Aurelia Bisutti en el rol de protagonista. Roy, Salvador y Maradona son madre, hija y nieta con una relación tormentosa que oscila entre el amor y el odio, todas ellas con historias personales conflictivas. La madre es una pirómana a la espera de un trasplante de piel de chancho por haberse prendido fuego con un calentador, la hija es una adicta al vodka que no asume su lesbianismo y la nieta es una adolescente con trastornos alimentarios obsesionada con ser como Fairuz. La intimidad que ofrece la sala petit del Tabaris es ideal para llegar a las profundidades del vínculo que hermana y a la vez separa a tres generaciones plagadas de agresividad que encuentran la tranquilidad en un mismo amor: Sandro. A pocos días de su muerte, Muscari no tiene pruritos en poner al Gitano a musicalizar la obra y a formar parte de lo colorinche y gracioso de una escenografía kitsch al extremo.
Contra todas las expectativas, el nuevo departamento de Muscari en San Telmo no abunda en muñecos de hule ni telas que se contradigan entre sí. En un ordenado y cálido ambiente rojo, negro y blanco, adornado con fotos en románticos portarretratos con forma de corazones, el prolífico director que en otra vida quisiera ser fisicoculturista conversa con Página/12 sobre su nuevo trabajo, que obliga a transitar las características de más de 15 años de carrera y 30 espectáculos. De paso, adelanta que a partir del 10 de febrero vuelve Escoria, los viernes y sábados a las 21 en el Teatro del Pueblo (Av. Roque Sáenz Peña 943).
–¿Qué es lo que quiso contar con Fuego entre mujeres?
–En general, mis obras no son algo que yo quiero contar. Son más bien mundos a explorar. En este caso, los lazos de la famosa familia disfuncional, en una casa en la que no hay hombres y los límites están subvertidos. No se sabe quién es la hija, la madre, la abuela. Son personajes muy border que se agreden muchísimo pero que a la vez se quieren. Y el humor es la única forma de digerir algunas cosas muy agresivas, logra una fuerte identificación con el público.
–¿Cree que su eje como director se posó ahora en la cuestión de las relaciones humanas?
–Sí. Creo que antes me interesaba mucho más explorar universos temáticos: la moda, la televisión, la fama, el cuerpo. Desde hace un tiempo me volqué más a los vínculos, algo que apareció muy claramente en Fetiche, en En la cama y en Cash. Creo que lo vincular refleja al otro, es una posibilidad más grande de que quien vea uno de mis espectáculos se vea a sí mismo sobre el escenario.
–¿Y qué es lo que le interesa explorar de los vínculos?
–Me parece que soy un buen capturador de las esencias cotidianas. Sin darme cuenta, tengo como una especie de antena parada que escucha e incorpora cosas que va escuchando: de mi familia, de otras, de la calle, del colectivo, del subte, incluso de los actores cuando hacen mis obras. Entonces, más que una voluntad de contar cosas eso tiene que ver con mi percepción.
–¿Por qué la inclusión de Sandro en la historia?
–Por supuesto que la idea surgió antes de su muerte, empezamos hace más de tres meses. El espectáculo fue pensado como un homenaje en vida. Me parecía bueno que un artista popular y de su talento fuera recibido por mi público, en general más cercano a mi edad. También que estuviera un artista que antecede a ese público y que tiene que ver con el vínculo entre mi mamá y mi papá, por ejemplo.
–No obstante, Sandro está presente pero por debajo.
–Exactamente. Y me parece que eso le da una emotividad muy fuerte al espectáculo, porque si fuera neurálgico podría hasta ser leído como un aprovechamiento del momento. Pero la forma en que entra, tangencialmente, implica un respeto hacia él como artista y también una cotidianidad del tema. La obra tiene sus valores por fuera de Sandro, por eso no tuve contradicciones a la hora de estrenarla el mismo día del velorio. Creo que lo que me vuelve muy impune y muy sensible a la vez es la seguridad de que hago un espectáculo de calidad y con trabajo e intelecto detrás, no soy un improvisado que sale a hacer una obra con una canción de Sandro.
–¿Y no cree que lo que puede ocurrir es el encuentro con un público mayor que usted?
–La verdad es que mi público está cada día más mezclado, porque si bien hay uno de culto que me sigue, también hay otro de teatro comercial que quiere ver a estas actrices en escena. Mi público no es tan clasificable. Hay gente de teatro comercial y alternativo, grande y joven, moderna y clásica. Gente que nunca fue al teatro y que escuchó que lo que hago es raro, diferente, trasgresor. Creo que cada espectáculo va configurando su público. Y la verdad es que no pienso en un tipo espectador a la hora de encarar una obra: mi espectador ideal soy yo.
–Fuego entre mujeres presenta varias rupturas: monólogos repentinos, contacto visual con el público, canciones que interrumpen textos. ¿Lo que busca es salirse del clásico principio-medio-fin?
–Creo que mis obras no trabajan sobre una estructura fija. Si bien podríamos decir que Fuego entre mujeres cuenta una historia con ciertos tiempos cronológicos tiene, como dice, muchas rupturas, que son lo que encuentro para lograr comprensión y complicidad del público con mi obra. Cuando los personajes hablan con la gente es un deseo de inclusión del que está mirando. Lo que yo quiero es acercar al público a esa dureza de la obra. Y, por ejemplo, eso de que el actor ya esté actuando cuando el público llega lo hago en muchos espectáculos. Es un momento que funda un lenguaje, en el que después uno sigue surfeando durante toda la obra.
–Otra particularidad es que se borran los límites entre persona y personaje. Por momentos Luisa se parece mucho a Dalma y Naná a Irma.
–Mis obras siempre juegan con esos límites, me interesan porque así el espectáculo se vuelve más ambiguo y difuso. Claro que en Escoria eso era más obvio porque los actores hacían de ellos mismos. Acá juego con muchas cosas de las actrices. De pronto, no sabés si están actuando el rol o el rol las está actuando a ellas. De hecho, gran parte de la dramaturgia fue reescrita pensando en ellas, buscando cosas suyas de lo cotidiano. Hay muchas cosas que dice el personaje de Irma que se las escuché en algún momento y me gustó cómo le quedaban, por ejemplo: “Tiene rasgos enanoides”. Tengo como una especie de grabadora continua.
–¿No le teme a lo que pueda generar en su público más culto la inclusión de personajes más ligados a la farándula, como Dalma Maradona?
–No, soy muy cuidadoso con lo que hago. Si Dalma Maradona actúa es porque me gusta cómo lo hace y no sólo por lo que significa comercialmente. Por supuesto que el hecho de que sea ella tiene un plus, pero los actores no están en mi obra por ser conocidos.
–Como conocedor del circuito alternativo y del comercial, ¿qué les aprueba y qué les critica?
–Del circuito alternativo destaco su gran libertad de expresión y el deseo como única voluntad puesta en juego. Lo que le critico es que a veces está demasiado enfrascado en autoproclamarse elite cultural del campo teatral. No me parece que el valor agregado de estar en el circuito alternativo sea lo que le da calidad a un espectáculo. Y el circuito comercial lo que tiene a favor es que es un trabajo y se vuelve una prioridad, porque nadie tiene que ver cómo generar dinero de otra manera. Lo que le critico es la búsqueda de la inmediatez, que es demasiado exigente, como el hecho de tener que vender enseguida cierta cantidad de entradas porque si no el espectáculo no sirve.
–¿Cree que por estos días se vive una revalorización de lo bizarro?
–No sé si una revalorización, sí me parece que a partir de la irrupción de los fenómenos mediáticos de Zulma Lobato y de Ricardo Fort hay un culto por lo bizarro, lo kitsch. Cada uno en su estilo, Lobato desde el bizarrismo más extremo y Fort desde el excentrismo son el paroxismo de algo diferente a lo cotidiano. Y eso puso más en circulación que lo diferente genere mucho consumo. Lo kitsch, lo bizarro, lo camp están relacionados con un culto a lo diferente, y esto se entrelaza con el fenómeno mediático de ellos dos.
–Más allá de la estética, lo bizarro se percibe en su obra desde el traslado de elementos de su contexto original a uno nuevo, en el que adquieren otro valor, como en sus adaptaciones de clásicos, por ejemplo.
–Hay algo de reconfigurar, sí. Me parece que no hay una estrategia ahí, sino que ese lugar en el que pongo las cosas soy yo. Trabajar con Irma no es ponerla a ella en un nuevo lugar, sino que al trabajar conmigo hace algo diferente, porque eso nuevo soy yo con mis ideas y mi obsesión de que se concreten. No soy ingenuo y sé que la posibilidad de ver a Irma toda tapada y haciendo de momia humana es raro, pero no es que trabajo sobre la especulación de esa rareza.
–¿Y cuánto de José María Muscari se imprime en sus obras?
–Mucho. Son mis obsesiones, mis dolores, mis alegrías. Grandes temas de mi vida que extrapolo a mis obras y que exorcizo a través de ellas. Es difícil que me encuentre desafectado de una obra. Siempre estoy ahí.

Entrevista: María Daniela Yaccar